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EL CRECIMIENTO DE CARLOS GIÚDICE S.A

Giúdice es una empresa dedicada a comercializar artículos para el hogar y muebles; creada con gran esfuerzo y constante amor la cual ha logrado posicionarse como líder en ventas de Artículos para el hogar y Muebles de la Ciudad de La Plata y gran parte de la costa de la Provincia de Buenos Aires.

“Las raíces de esta empresa, de la que nos sentimos, orgullosos, deben buscarse en el seno de una familia proveniente de inmigrantes italianos y argentinos nativos, retrocediendo algo más de cuatro décadas. Por aquellos tiempos, su fundador Carlos Daniel Giúdice incursionaba junto a su padre y hermanos en una incipiente empresa familiar dedicada a la construcción y fabricación de macetas artísticas. Simultáneamente, realizaba estudios e incorporaba conocimientos de electrónica y radiofonía buscando la apertura de nuevos caminos en lo que encausar sus inquietudes de progreso y crecimiento.

En 1962, en la casa paterna, sobre Diagonal 73 (Ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina) ocupando escasos diez metros cuadrados, logra instalar su primer taller de reparaciones de radios y electrodomésticos. Rápidamente advirtió que con la masificación de la televisión llegaba una buena oportunidad. Incorporó nuevos conocimientos y se consolidó en el armado y reparación de aparatos de Televisión. Con vigor y constancia, propios de sus veinte años, se lanza a dos grandes emprendimientos: forma su propia familia e incursiona en la comercialización de artículos del hogar en pequeña escala.

Son estos dos acontecimientos determinantes, ya que uno y otro han estado íntimamente ligados en el tiempo, cimentando una relación y estructura familiar y comercial muy particular, que explica todos los logros posteriores.

Hacia 1965 el negocio ocupaba ya 20 metros cuadrados y seguía creciendo impulsado por los vientos generados por la búsqueda del confort y la aparición de artículos cada vez más sofisticados. La empresa progresaba. Lo hacía respaldada por dos atributos que signaron toda su historia: el esfuerzo personal y familiar y una particular: la especialísima relación con los clientes. Muchas horas diarias de trabajo, respetuoso y dedicado trato con los clientes y proveedores, son la razón de la existencia empresaria.

Se aproxima el final de la década del ’60 y La empresa responde con crecimiento edilicio y con la incorporación de Electrodomestico,línea blanca, audio y televisión.

El apellido familiar se convierte en una marca que trasciende del entorno barrial y comienza a tener fuerza en toda la ciudad.

Los primeros años de la década del ’70 son testigos del desarrollo en infraestructura, ya que se adquiere una propiedad sobre la misma diagonal y el espacio comercial llega a los trescientos metros cuadrados, marcando una tendencia que ya no se detendría.

La intuición empresaria marcaba que la costa atlántica se transformaría en un escenario propicio para la actividad. Es por eso que en el año 1974 se adquiere un pequeño local en General Madariaga, fecha clave que dió inicio a la expansión comercial. Siguiendo con esté, en el año 1981 con Pinamar, en el año 1986 con Villa Gesell, en el año 1992 con Mar de Ajo, siendo hoy, año 2011, una Empresa consolidad en cada una de estas Ciudades. 

La empresa continuaba creciendo y contaba también con incondicionales colaboradores, algunos de los cuales siguen siendo pilares de su desarrollo en la actualidad.

En esta empresa hemos comprendido que además de garantizar el mejor precio, calidad y financiación, es nuestro deber brindar SERVICIO, de todas las maneras posibles. Gracias a innumerables campañas de comunicación, la empresa reafirma día a día su slogan publicitario:

“Giúdice, Siempre Pensando en Usted!”

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/// Atención a Empresas

Nuestro departamento de Atención a Empresas lo podrá asesorar para que su proyecto sea el más adecuado, teniendo la mayor variedad de rubros y marcas a su alcance. Tenemos descuentos especiales para compras de grandes cantidades de productos.

En Giúdice tenemos la solución perfecta para su Empresa!!

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Atención Telefónica:

Tel.: 0221 479 4747

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/// La Comunicación y la Publicidad

Una de las herramientas que nos ha posicionádo como líder regional en el rubro, es la constante utilización de la comunicación entre la Empresa y sus Clientes. Mediante ella tenemos la posibilidad de presentar la amplia variedad de productos que nos caracteriza. productos, planes de pago, ofertas , oportunidades en las fechas importantes del año, nuestra atención personalizada etc. La publicidad en los principales medios de comunicación masivos, aumenta la fuerza de venta y permite llegar directamente al consumidor.

Nuestras marcas estan presentes diariamente en todos los hogares argentinos.

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                A partir de Marzo de 2011 en www.giudice.com.ar encontrará, Una nueva manera de comprar! De Lunes a Domingo de 22 a 7 horas, a travez de nuestra VENTA NOCTURNA  podrá adquirir diferentes ofertas de la amplia gama de productos que se encuentran todos los dias en nuestros Centros Comerciales.

De esta manera Giúdice sigue ampliando su atención, para que Ustedes, nuestros clientes accedan a todos los productos las 24 horas del dia. 

Giúdice.... Siempre pensando en Usted..!!

 

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 Esté escrito pertenece a la autoria del Señor: Ricardo A. Acosta.

Daré en este historial, el testimonio de mi barrio.

 

Pasó muchísimo tiempo desde la fundación de la ciudad para que La Loma salga de ese olvido incomprensible, en los cuales todas las autoridades gobernantes que pasaron, vieron solo el mapa en tres puntos cardinales, "este", "norte", "sur", el oeste paso desapercibido, se puede comprobar  viendo que solo hay hospitales en el este, el San Martín, en el norte, el Rossi, el Gutiérrez, y el de Gonnet, en el sur, el San Juan de Dios y en el sureste el Hospital de Niños. Lo mismo pasa con las escuelas técnicas industriales, no hay ninguna en el oeste, solo tenemos al este el Albert Thomas de 1 y 57, al norte, el Valentín Vergara de 7 y 33, y al sudeste el de 62 y 139 y el de 7 y 76.

Muchísimos años después, cuando ya los lugares de la ciudad elegidos no tenían lugar para la generación que avanzaba, el pueblo, al fin, descubrió el "oeste", parte virgen de su ciudad. No había otra solución que venir a convivir con el barro y empezó como si fuera una emigración de otro país.

La Loma los recibió, los esperaba, por ley natural tenía que ocurrir, los pocos que estuvimos en calles de tierra veíamos arroyos, zanjones, matorrales, quintas, vacas, caballos, gente humilde, trabajadora, sufrida, conocedora de toda la ciudad, pues quien vivió en el barro, por trabajos de toda índole concurrían a los tres puntos de La Plata, mientras que ellos, nunca estuvieron en el barro, gozando con orgullo ese privilegio que tenían; esto que cuento es para que las nuevas generaciones almacenen nuestra historia y la prolonguen en el tiempo. Llegó la hora de que el barrio dejó de estar petrificado.

En La Loma cruzaban arroyos, que estos al desbordar anegaban las calles de nivel bajo, para amortiguar las aguas se hicieron túneles, uno que venía de la zona del cementerio por 25 hasta 526, arroyo "El Gato" o "El Tercero" como lo llamaban otros, tenía un empalme a la altura de 50 y 25, saliendo este por Diagonal 76 a 39 y 12, cruzando Plaza Belgrano, termina en 39 y 11, tenía un diámetro de 2 metros, llegaban dos iguales, desde allí seguían las aguas por un canal, llegando a 514. El otro túnel venía de 44 y 142 hasta 137 y 38, tomando la calle 36 y 25, donde se unía con el que venía desde el cementerio. A la vez, por problemas que había entre las calles 36 y 31, que se desbordaba inundando una amplia zona, se hizo un desvío por estas calles a 526, desembocando en el arroyo mencionado con anterioridad.

Como travesura de chicos, nos metíamos en el túnel de 39 y 11 y llegábamos a 25 y 50, como este era en diagonal acortaba la distancia a 25 cuadras, era de locura, en cada esquina había una alcantarilla que dejaba ver la luz exterior. Muchos no terminaban el recorrido, tenían pánico porque era muy impresionante lo largo del trayecto. En broma, asustándolos, les decíamos, ¿mirá si de repente se viene una tormenta?, ni pensar las caras de susto que ponían. Estos túneles suplían a medias el problema de las inundaciones, ya que no funcionaban correctamente, en grandes tormentas rebalsaban, pues el agua buscaba el nivel donde anteriormente pasaba el arroyo, las bocas de tormenta no daban abasto, en otoño, con la caída de las hojas de los árboles, quedaban tapadas, mas la basura que arrastraba el agua, cuando era todo baldío los arroyos salían de madre, desparramándose en sus riberas varias cuadras, ahora las edificaciones las retienen formando diques en toda la zona baja y la profundidad es mayor.

Otro problema, es la creciente del Río de La Plata, es decir, Punta Lara, el agua no entra al río y se hace más lenta la desaparición de estas, quedando más tiempo estancadas.

La mayoría de los chicos de la zona iban a la Escuela Nº  10, ubicada en la calle 16 entre 47 y 48. En 46 y 17 empezaba la peripecia, "un metro de agua", ya cuando el cielo anunciaba agua, los familiares llegaban a la escuela con sacos viejos, bolsas de arpillera, así nos cubríamos, ¿pilotos y paraguas?, con la pobreza que había no existían para nuestra barriada. Éramos muy pobres, las calles de barro, los pozos, las latas. Era un peligro latente, que uno que no era del barrio no se atrevía a cruzar. Nosotros lo tomábamos como un juego, con decir que en tiempo templado, esas calles eran un balneario, en donde nadábamos, no todos lo hacían, solo los más vagos, sino ¿qué goyete tenía ir a buscarnos a la escuela?.

Luego seguía el juego, al irse el agua, destreza en el barro con zancos, ni contar los porrazos que nos dábamos, negros salíamos, eran piruetas de pibes, juegos preparados, el chafe, el rango, billarda, el trompo, bolitas, barriletes que le atábamos un tacho en la cola, al bajarlos golpeábamos los techos, ni hablar, todo el mundo afuera de sus casas, creían que tiraban piedras. Otra broma era una hojita de afeitar en la cola para cortar otro barrilete.

Teníamos infinidad de juegos, qué linda miseria, y no la sentíamos, no teníamos conciencia para pensar, nuestra vida de chicos era jugar sin soñar, vivir el momento, la escuela, el barro, lo demás, ¿qué va?.

Los pibes del barrio ayudábamos a quienes traían las cosas para el velatorio, cajón, plantas, artefactos de adorno, crucifijos, tarjetero para que manden la tarjeta como concurrente al velatorio, los únicos que lo llenábamos éramos nosotros, los pibes, orgullosos de que llegue el cartero con las gracias por haber concurrido. Luego de desarmar todo lo del velatorio, cada uno ligábamos unas monedas, para los que venían de la empresa era una ganga, no trabajaban nada.

En la escuela teníamos que pagar la Cooperadora, del barrio nadie podía, de la parte que daba para el centro, lo hacían, tenían otro status. Íbamos a la comisaría que nos correspondía y pedíamos un certificado de pobreza, argumentando los motivos, sino lo llevábamos no tomábamos el vaso de leche ni nos daban la medialuna, ¡qué humillación!, ¡qué injusticia!, mirando como comían los pudientes.

Siguiendo con las inundaciones, un buzón que estaba entre las calles 17 y 44, en una oportunidad lo tapó el agua, justo pasó un carro, chocó con este y volcó, menos mal que despidió a los tres que iban y no les pasó nada, el pobre caballo no murió ahogado porque los que despidió de arriba del carro pudieron levantarlo y así pudo zafar de su muerte, lo favoreció, pues todo peso en el agua es más liviano. Ese carro hacía transporte de gente junto a varios carros más, cruzando a las personas que se dirigían al centro por varios motivos, lo mismo se hacía en otros lugares de la zona.

La calle 44 tenía empedrado muy irregular con adoquines fuera de nivel, años antes, en la calle 44 y 16 había un puente, pues pasaba el arroyo, gracias a este podía llegar la verdura que traían los carros de las quintas al centro, mercados, ferias, mas otras mercaderías, y paso para los peatones.

La calle 44 y diagonal 73 era la única que no era de barro en La Loma de allí la otra sería en Avellaneda, y de 13 tendría que llegar a Tandil para encontrar otra. Cambió un poco cuando se hizo el camino de cintura por 532 y por la calle 31 quedó un rectángulo de 18 manzanas de barro.

Las primeras calles que se pavimentaron en el interior de La Loma fueron: la 22 de 41 a 44 y la 41 de 13 a 22, esta última se convirtió en centro de paseo para la juventud, formándose lo que en su tiempo le llamaban “la vuelta al perro”, es decir, igual que la calle 7 de 45 a 54, donde las chicas paseaban por el centro de las veredas y los muchachos se paraban en el frente de las viviendas y otros junto al cordón de las calles, entre piropos y miradas gozaban de la belleza de las muchachas. Existía la costumbre del saludo al encontrarse en la calle, con inclinación de cabeza o levantamiento del sombrero y a las damas besándole la mano.

También en la calle 41 de 13 a 22 se organizaban grandes corsos, estos eran animados y conducidos por Roberto Romero y Fredy, dos mitos populares de La Loma por su simpatía y carisma.

Cerca de los 80 años de la fundación y a tres cuadras de tribunales todavía había barro, se podían ver zanjones, caracoles, anguilas, bagres sapo, todo tipo de pájaros, ver las quintas tan cerca del centro, ver lo pintoresco de las casas de zinc con su alambrado, sus madreselvas, las manzanas cercadas con plantas de cicuta, escuchar el canto de los sapos, el salto atlético de las ranas, el perfume de todas las flores, el olor a la tierra apenas empieza a llover, el ruido del techo de zinc los días de lluvias, el verde del pasto, lo blanco de las heladas junto a la transparencia de la escarcha que se formaba sobre el agua de las zanjas. El lento vuelo de las mariposas, mostraba sus hermosos colores para deleite de nuestros ojos. Los bichitos de luz producían una luz entre rojo y verde que al mirarlos sobre el terreno, se asemejaban a la belleza de las estrellas que resplandecen en el cielo, por su similitud en su forma, y más se producía este efecto, si mirábamos el suelo desde una altura de mucho metros, era como tener un cielo entre los pies.

El picaflor es uno de los más bellos pájaros, se los ve posando en cada flor, quedando aleteando en el mismo sitio, pareciéndose a las hélices de un helicóptero. No se puede tener dicha más grande que ver construir la casa de un hornero, contemplar durante meses el sacrificio que hace subiendo y bajando, llevando en su pico el barro mezclado con pequeñas ramitas y dándole forma como el escultor más abezado. No tiene parangón la obra maestra del hornero, éste y otros pájaros con diferentes formas de hacer los nidos, fueron disfrutados en mi juventud, por eso siempre repito que si nuestro barrio no tuvo ese adelanto edilicio, la naturaleza nos premió con creces al poder gozar, disfrutar de tanta belleza, del canto de tanta variedad de pájaros, el chillido del grillo, el cacareo de la gallina, el canto autoritario del gallo, el bucheo de la paloma, el mugido de la vaca, el vuelo de los renegridos cuando cruzaban la zona en fila india para recorrer varios kilómetros en cambios de estación, lo mismo que hacen las golondrinas que emigran de un país a otro, este proceso lo disfrute muchísimos años.

Los partidos de fútbol en ciento de lugares, plazas, campitos, calles, pelotas de trapo, de cuero con tiento, desde el número 1 al número 5, eran tan malas las que podíamos comprar, que sin usarlas ya estaban ovaladas, cuando se mojaban pesaban el doble, era una esponja el cuero.

La Loma tenia varias canchas de fútbol, Nacional, (en 14 hasta 15 entre 42 y 43) este nombre lo tenia sacado del compuesto Reconquista Nacional, como se llama el club actual, anteriormente se llamaba Reconquista Liverpool, luego quedó como ahora. Se fundó en la calle 44 entre 17 y 18 luego pasó a la calle 41 entre 14 y 15, ahora esta en 40 entre 15 y 16. En la calle 37 entre 19 y 20 estaba la cancha de Unión, en plaza Alberti de la calle 38 y 25, en la manzana norte, Liverpool, en la manzana sur, Libertad.

Las canchas se alquilaban con la red o sin ella, con red costaba $ 0,15 y sin red $ 0,10, casi todo sin red, ¡qué miseria!. Se hacían grandes torneos, venían jugadores de Estudiantes y Gimnasia, que cada barra lo invitaba a jugar, tenían que cuidarse pues no tenían permiso de jugar estos torneos, ellos estaban para jugar en los campeonatos de la A.F.A., si los pescaban los suspendían. Siempre había gresca en los partidos, venían de toda la ciudad, Berisso, Ensenada y pueblos vecinos.

La Loma tenia muchos clubes, Iris, 44 y 29, Azcuénaga, del cual fui fundador, Reconquista, Estrella de La Loma, Claridad, Unión, Alberti, Progresista de La Loma, Uriburu, muy conocido por ser cuna de milongueros, estaba en calle 41 entre 22 y 23 y actualmente en calle 23 entre 40 y 41. Un caso único se da en el club Alberti con el señor Carlos Galvan, creo que de los 40 años que concurre a la institución, 26 fue presidente, y lo es en la actualidad, la mayoría de las veces ocupó los puestos de toda la comisión desde presidente, vocal, bufetero, canchero, parte social que es muy buena, mensajero, compras, hasta lo veo barriendo la vereda, es un ejemplo de voluntad, de humildad, respetuoso al máximo, tanto dentro como fuera del club. Uno podrá en la vida encontrar mucha gente, pero personas muy pocas, en este club se practican varias actividades.

En la plaza Alberti sobre calle 39 y 24 estaba el rodeo de un tal señor León, donde se domaban los caballos para atarlos a los carros, que llevaban los ladrillos para la terminación de la catedral. Los ponían en un carro enorme hecho para este trabajo, mil ladrillos aproximadamente, tenían que salir bien amaestrados, unos eran cadeneros, otros iban en las varas. Del carro tiraban seis caballos, eran necesarios porque en las calles, los días de lluvias, las ruedas se enterraban. Uno de los que hacia de carrero era un señor Framigue, vivía en calle 45 entre 16 y 17.

A La Loma llegaba el tranvía 7 y 10 de la Compañía Inglesa, el 16 de Tetamanti y el trolebús. Ya con el trole empezaron a reconocer a La Loma, pues fue el único barrio que lo tuvo.

En 43 y 16 vivía Doña Lola Rodríguez, era la encargada de lavar las camisetas de Estudiantes, en esos tiempos se le hacía muy engorroso cumplir con ese trabajo, las lavaba a mano en un piletón, las de tercera y primera que jugaban los domingos, la segunda jugaba el jueves. En inviernos lluviosos se desesperaba para que se secaran, también tenia que plancharlas, no como ahora que son de nylon. Los pibes del barrio nos turnábamos para ayudarle y llevar los bultos con las camisetas, tomábamos el tranvía 7 en Plaza Azcuénaga, 19 y 44, hacia la cancha, como la ayudábamos entrábamos gratis pero teníamos que estar desde las 12 hasta las 15:30, que empezaba el partido de primera, menos mal que la tercera empezaba 13:30 horas.

En el año 1937 se llevó una casa de madera tipo chalet, con galería de las que se veían en las películas yanquis, desde 43 entre 16 y 17 a 17 y 34, se ponían troncos redondos debajo de la casilla, cuando iban avanzando quedaba libre el último y pasaba adelante, así todo el recorrido, se ponía un molinete con una soga atada por delante de la casa y la otra enroscada al molinete, una punta iba enganchada en el pescuezo del caballo, al tirar este, la casilla avanzaba, tardó casi dos días el recorrido de diez cuadras, la calle de tierra despareja, los caminos de las esquinas demoraban la travesía, en todo el trayecto había mucha gente mirando y pibes siguiendo todo el viaje subidos a la galería de la casa, fue un acontecimiento muy comentado esta mudanza, creo, pues, la única de esta ciudad.

En la calle 17 nº 535, esquina diagonal 76, vivía una familia judía, muy buena gente, que tenia un puesto de pollos y gallinas en la feria de la calle 44 entre 8 y 12, concurría a ella llevando su mercadería con su carro y su caballo blanco. Cierto día fue a buscar su caballo para atarlo al carro, se quería morir, no podía creer lo que veía, en todo lo largo del caballo los vagos del barrio pintaron con pintura verde, con letras que cubrían todo el animal “U.C.R”, así tuvo que ir a la feria, le puso como 5 litros de agua ras, las letras seguían igual, penetradas en el pelo del caballo. Se supo quien fue el chistoso, no apareció por el barrio por meses, el dueño lo mataba si lo pescaba, con el tiempo se encontraron y se mataban de risa. Así era la gente de esos tiempos, se tomó como unas de las bromas que el tiempo borró. Innumerable seria contar episodios como este, había de todo tipo, cada uno tenia que aguantar cuando le tocaba, pues ese ya había hecho alguna broma a otro, se divertían barato, era la forma en que en esos tiempos se vivía, luego llegó otra manera de ser de la gente y cambió su temperamento.

Teníamos el autorriel que salía de la calle 23 y 51 luego tomaba la calle 25 hasta 44, por esta hasta la calle 137 y doblaba en 520, Las Quintas, pasando por el hospital de Romero, llegando hasta Abasto, el mismo  recorrido de vuelta, mucha gente lo usaba como paseo.

Por la calle 31 pasaba el ferrocarril provincial que llegaba a la estación Meridiano V, de allí a Mira Pampa, última estación de la Provincia de Buenos Aires, al límite de la Provincia de La Pampa.

La plaza Alberti fue cuna de circos y parques de diversiones, el de mayor nombre fue el de Tihani, de fama mundial, también vino uno en que actuaron el Negro Rada y Alejandro Lerner. Esta plaza, junto con la de Azcuénaga, estaba abierta en la Diagonal 73 que la cruzaba con la calle asfaltada en muy malas condiciones, era una calle tipo ruta.

El acontecimiento más grande, por su fase histórica, fue la llegada de Eva Perón en la primera presidencia de Perón, que hizo su presencia para inaugurar la remodelación de la Escuela Nº 19 "General José de San Martín", ubicada en la calle 41 y 22 (centro simbólico de La Loma).

Don José Biscaldi, vivía en Diagonal 76 y 43, tenía una carnicería llamada "La Mimosa", él donó un estandarte de terciopelo negro, con letras doradas formando el nombre de la murga y el año que salió por primera vez fue en 1926. Los de mi tiempo eran a partir del 33, desfilábamos en los corsos de las calles 7 y 12, cantábamos en el barrio y en el centro, juntando dinero para los trajes del próximo año.

Don Biscaldi, alquilaba cinco o seis camiones para llevar gente del barrio a las playas de Punta Lara, comida y bebida también las pagaba él, lo mismo hacia para las fiestas de Navidad y Año Nuevo, ponía una mesa en la vereda de su casa con todo tipo de comidas y bebidas, a todos los que pasaban, aunque no fueran del barrio los invitaba a brindar, esto lo hacia de bueno que era, sería una injusticia no recordarlo.

Había un club en la calle 22 entre 40 y 41 que se llamaba "Luces de La Loma", tenía una comparsa formada por la banda del Regimiento 7 de Infantería, era una alegría cuando tocaba esa banda, había otra que le tiraba la contra con un nombre ingles, "The Yanquees Boys" o algo así, estaba formada por la banda de la policía. También había una muy buena de Berisso, que se llamaba "Chaplín y sus vagos". "Luces de La Loma" tenía un tamborista de apellido Aguirre que vivía en la calle 21 entre 40 y 41, era un verdadero artista, no había nadie como él.

Cuando llegaban las fiestas de fin de año se veían por las calles vendiendo corderos, pavos, iban todos sueltos por las arterias del barrio, en 17 y 40 había un tambo, salían por el barrio con sus vacas, ordeñaban en las puertas de las casas.

En aquellos tiempos el servicio de policía de noche se hacia por medio de patrullas o rondas policiales que iban a caballo, en grupos de cuatro a cinco, ellos se comunicaban por medio de un chiflido de un silbato, contestando ambos a la contraseña, para asegurar que cada uno estaba en su puesto, esto era llamado “santo y seña”.

En 17 Nº 535 entre 42 y 43 hay una casa de zinc que era de mi padre, en el año en que La Plata cumplió cien años, fue reconocida como una de las casas más antiguas de la ciudad, allí nacieron cuatro de mis hermanos.

Antiguamente el veraneo era ir al monte Quintilo, apellido del dueño de esos campos ubicados en 524 y 25, el cual era cruzado por un arroyo, la gente de La Loma iba de veraneo en carros, como en la actualidad uno va a Mar del Plata. Los pibes que íbamos a este lugar teníamos que pasar por la comisaría de La Loma con la honda escondida, porque si te la veían te mandaban a limpiar la caballeriza y cebar mate todo el día. Si Quintilo los agarraba cazando pajaritos les tiraba con un rifle con sal, ni hablar como picaba, era una historia muy linda.

Recuerdo cuando jugábamos los partidos de fútbol en la plaza Azcuénaga, en 44 y 19, en esos tiempos nadie tenia reloj para controlar el partido, nos guiábamos por el Tranvía 16 que era uno de los que pasaba, lo hacía justo cada tres minutos, segundos de adelanto o atraso, suspendían al Motorman, que era quien lo manejaba (igual que ahora), por lo tanto cada quince tranvías terminaba el primer tiempo, parábamos dejando el paso de cinco tranvías y seguíamos quince más terminando el tiempo reglamentario.

Recuerdo cuando el Presidente Castillo pasó por la plaza Azcuénaga, nuestra barra estaba jugando al fútbol, ese paso era para ir a presentar su renuncia como Presidente de la Nación, en el Regimiento 7 de Infantería, fue en el año 1943, había tomado la presidencia por renuncia de Ortiz, que fue derrocado.

Podría dar nombres de todos los personajes, historias, anécdotas de todo tipo, solo me he referido a los años desde el 32 al 50.

Nací en La Loma en 1927 casi 74 años viviendo en la calle 17 y 43 y 38 y 27. Recuerdo que en mi niñez era casi todo campo libre, mirando el sol ponerse al oeste o sea en el punto cardinal de La Loma, parecía que este se posaba en la almohada del horizonte y desde ese sitio, como despidiéndose de la humildad de su gente con nostalgia. También contemplábamos el gris del anochecer con el gris del terreno y quedaba la mezcla del pasto con la tierra, que al unirse formaba para nuestra vista en el horizonte como si fuese una muralla, diciendo, aquí termina La Loma.

Podría dar nombres de todos los personajes de La Loma, pero no puedo dejar a uno afuera, desde políticos, periodistas, deportistas, escritores, poetas, historiadores, filósofos, dramaturgos, comerciantes, industriales, hombres de ciencia, docentes de todo nivel, artistas, actores, trabajadores de todas las especialidades, todos de una manera u otra son artífices del barrio de La Loma. Hoy ya forma con su adelanto parte de la ciudad, dejando en el olvido ese punto cardinal, el "oeste", un tanto olvidado.

En las tardes de verano, a la caída del sol, las familias se sentaban en las veredas de sus casas, hasta altas horas de la noche, gozando de la brisa del barrio. Esta costumbre paso al olvido, por ser imposible en este momento en que se vive con inseguridad. Estoy escribiendo y me pregunto ¿qué pasó?, lo viví y no lo puedo creer, tanta tranquilidad y ahora estamos en el tiempo de la materia sobre la civilización, me da pena tener que terminar mi relato sobre La Loma, parte de mi ciudad, con el ánimo por el suelo, esto es parte del momento cultural de estos tiempos , que tengo obligación de no ocultarles.

En La Loma he desplegado con mi relato una actividad que hasta ahora no se ha conocido, espero que se remedien muchos males, excitar y dirigir el espíritu público, educar, destruir enemigos, dar nuevas vidas a nuevos barrios atrasados como era La Loma.

Este ha sido un relato quizás con muchas imperfecciones, escribí lo que viví, lo que ví, no soy historiador, ni escritor, soy un fanático de mi ciudad, de mi barrio, de mi esquina, y me entusiasma muchísimo poder contar mi pasado.

Espero que lean la historia de mi barrio, que es parcial, muy simplificada, podría contar el mundo de cada familia de La Loma, de los cuatro puntos cardinales del barrio. En mi relato busqué el verbo barrial, que es el que lleva la voz dentro de la gente que tiene barro.

El Canario se auto elimina en su testimonio, soy un integrante de La Loma, solo llevo la voz del barrio.

He escrito con gran emoción sobre La Loma, de los tiempos de mi juventud, que no es una época de la vida, para mi es un estado de ánimo, es voluntad, imaginación, vigor de las emociones; como puede decir un poeta, es la frescura de la primavera profunda de la vida.

Espero que este puntapié inicial sobre los barrios, lo sigan contando las generaciones venideras; sepa quién siga con este proceder, que será siempre un árbol floreciente, para que siga dando flores, actúen con voluntad y amor que ustedes pueden, y tengan presente que un hombre laborioso es el catecismo más edificante.

Mis sentimientos más sinceros, de un afectuoso amigo del barrio de La Loma.

Dios me puso en el barrio de La Loma como el tábano sobre el caballo, para picarlo y mantenerlo despierto.

 

 

“El Canario”